¡Cuentos!
Estos son los cuentos, de nuestras socias.
Una pequeña historia de detectives
Por Nuria
Por Maria Sol
Por Gisele
Por Dalina
Por Nuria
Por Dalina
“Era
viernes a la noche. Normalmente, los viernes salgo con amigos a bailar, o al
cine, pero ese viernes no. La mayoría de los chicos estaban de vacaciones, y
además llovía a cántaros. Yo estaba sola, en mi departamento, mirando por
cable una película de terror. De pronto, escuché un ruido en la escalera.
–Debo
estar sugestionada- pensé, pero no terminé de pensarlo y escuché otro ruido,
un ruido de cadenas que se arrastraban por la escalera seguido por un grito
agudo. Tomé un cuchillo de la
cocina para mi seguridad, y salí al pasillo a ver que pasaba. En eso, vi al señor
Gómez, el del 3ºD, saliendo
del departamento de mi mejor amiga, Felicitas, completamente pálido y asustado.
–Escuché
ruidos extraños y vine a ver que pasaba- me dijo con voz temblorosa.
No
dudé en entrar al departamento y vi a la señora Burns, la madre de Feli,
llorando a gritos frente a la ventana. Me hizo un gesto con la cara señalando
hacia el baño. Me acerqué a la puerta, que estaba cerrada y vi que había una
mancha que parecía sangre, y ahí fue cuando me asusté. Tomé coraje de no sé
dónde y la abrí. Allí estaba Felicitas, con su bata blanca y un toallón en
la cabeza pasando un trapo de piso.
-¡Hola!-
me dijo- terminé de bañarme y al abrir la puerta del botiquín se cayó una
crema de mi vieja y se rompió.
Lucía,
(la Sra. Burns) usaba muchas cremas y cosas para la cara y el cuerpo, y una de
sus cremas era en base de tomate, por eso era colorada.
Esa
fue la única vez que estuve en un caso de misterio.”
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El
detective se quedó mirándome.
-¿Y
el ruido de cadenas?- dijo.
-
Ah, eso. - contesté - Era Mario, un vecino, que volvía de pasear a su perro.
El can se soltó y subió solo las escaleras arrastrando la cadena.
-
Pero hay algo que no entiendo.- dijo- ¿Cómo puede ser que vos, desde tu
departamento y con el televisor encendido, hayas escuchado el grito de Lucía
y Felicitas desde su baño no?
-
Lo que pasa es que Feli acostumbra bañarse con la música a todo volumen. -
respondí.
-Bueno, -me dijo- pero eso no alcanza para que seas mi ayudante. Si querés ser detective, estudiá.
La
ruta era derecha. La noche era muy fría. El cielo estaba claro. La luna
brillaba pálida. Los altos árboles del borde de la ruta daban sombras angostas
que la cruzaban, así el hombre que corría, jadeante y asustado, tuvo la extraña
impresión de subir corriendo unas largas escaleras.
Los
latidos de su corazón sonaban como tambores poco claros, que no iban al ritmo
del eco de sus pies. El sudor le caía en los ojos, aunque la noche era bastante
fría.
De
tanto en tanto un auto lo pasaba, yendo hacia el lado contrario. Sus luces lo
alcanzaban y luego lo ignoraban. A cada momento, sin frenar su caminar de pasos
grandes, el hombre echaba una mirada hacia atrás, quizás temeroso, quizás
esperanzado. Y todo el tiempo, la desesperación y el enfermizo
espanto se recreaban en su mente.
¿Hacía
cuanto tiempo que corría? Parecía como si hubiera estado poniendo, mientras
respiraba, un pie delante del otro desde el momento que había nacido. ¿Pudo
haber corrido más de una milla? ¿Y cuantas millas le quedaban todavía por
correr?
Dio
otra brusca mirada hacia atrás. A lo lejos de la ruta pudo ver algo que parecía
dos ojos pálidos. Dio la vuelta – aunque siguió corriendo, o sea que en
realidad ahora estaba tropezando hacia atrás. Los ojos se acercaron. Eran las
luces de un auto – pero no de la penetrante y brillante del haz de luz de una
lámpara alógena. El auto se acercó. De repente casi enloquecido de alivio, el
hombre se paró en el sendero, haciendo señas con sus brazos sin importarle
mucho su seguridad. El auto frenó, las luces estaban tan cerca suyo que lo hacían
parpadear.
Caminó
hacia la puerta del pasajero y el conductor se inclinó para abrírsela. El auto
era viejo: un magnífico Daimler negro, modelo de la pre-guerra. Por un momento
al hombre no le importó nada de eso. Era un auto, y un auto significaba
velocidad y escape.
“Por
amor de Dios, lléveme al próximo pueblo” dijo.
El
conductor se sentó hacia atrás, calmado y casi como una estatua, en su
espacioso asiento tapizado en cuero. A la luz de luna el hombre pudo ver que
usaba un sobretodo muy caro, un sombrero puesto sobre su cabeza y una bufanda de
lana. Su cara se encontraba en la oscuridad, pero de la profundidad de la
bufanda salió una voz, lisa y pegajosa a la vez.
“Por
supuesto” respondió.
El
hombre saltó de su estado al interior del auto. Se acomodó en el asiento del
pasajero y comenzó a respirar con tranquilidad. Por unos minutos el viaje fue
quieto. El auto, viejo pero perfecto, hacía un ruido continuo. El nuevo
pasajero recuperó el aliento completamente y también algo de su compostura.
Al
rato, el conductor habló. Su primera impresión de calma, diferenciada en su
voz, se confirmó.
“Dígame,
señor – si en verdad no puedo ayudarlo, pero noté el estado en que estaba
cuando paré por usted – la causa de su perturbación.”
El
pasajero tragó saliva. Por un momento le pareció que no tenía ganas de decir
nada sobre su experiencia. Luego – en la calidez del auto, aislado de los
demonios de la oscura noche de afuera, se relajó.
“Muy
bien” dijo.
Y
comenzó entonces su historia.
“Mi
propio auto” dijo, “se rompió como a tres millas atrás en esta ruta. La inútil
cosa estaba completamente muerta. Di un par de vueltas con las herramientas que
tenía, pero no había esperanza. Necesitaba ayuda. Me di cuenta que estaba a
millas de todo, en una solitaria ruta, la cual nunca había visto antes. ¿Qué
podía hacer? Solamente tuve que cerrar el auto y caminar. Quizás, razoné,
habría una casa cerca donde quizás podría conseguir ayuda – o por lo menos
hacer una llamada telefónica.
‘Debí
haber caminado más o menos una milla sin ver un signo de vida. Casi decidí
volver y dormir en el auto hasta la mañana. Cómo desearía haberlo hecho...
Se
detuvo por un momento.
“Adelante”
dijo el conductor.
‘Entonces
vi una casa hacia atrás de la ruta. El portón de hierro gastado estaba
abierto: pastos altos, una entrada de piedras guiaba a una puerta frontal
oscura. Era una casa grande con un techo en tono alto y ventanas de vidrio
repartido. No había luces encendidas: parecía desierta. Pero el portón
frontal estaba abierto, así que quizá valía la pena llamar. Alguien debió
haber estado ahí para ayudarme. Así que tomé el camino que me llevaba hasta
la puerta, vi un timbre y, naturalmente, lo hice sonar.
‘Casi
antes que el timbre comenzara con un ruido característico de casas antiguas, la
puerta se abrió. Esa sorpresa, como si quienquiera que estaba tras la puerta
hubiese estado esperando que sonara el timbre, me cortó la respiración.
‘En
el hall había una figura parada. Tenía una definitiva impresión de que era
una mujer, aunque estaba cuidadosamente resguardada en la sombra, ni siquiera la
vela que sostenía dejaba revelar algo de ella, excepto que alumbraba el piso de
maderas entarugadas y las paredes del hall de entrada donde estaba parada.
“Entra”
me dijo.
‘Su
voz era alta y resonaba en el hall vacío. Se alejó de mí, haciendo señas
mientras. Sin cuestionarme mi acción en ningún momento, la seguí. Me guió
hasta unas escaleras sin alfombrar y se frenó al costado. La vela era todavía
el único elemento que daba luz.
‘En
las sombras pude ver varias puertas cerradas. Pero una – pude verlo por el haz
de luz que se estiraba verticalmente de la cornisa hasta el piso – estaba
abierta. Una voz llamó desde adentro. Era la voz de un hombre – que tenía
una claridad y dulzura que todavía suena en mis oídos.
‘“¿Quién
es, mi amor?”
La
mujer respondió con unas palabras que debieron haberme taladrado el corazón.
‘“es
aquel que estábamos esperando”
‘Sí,
lo sé. Tendría que haberme dado vuelta y correr en ese momento – lejos de
ese maldito lugar para siempre. Pero no lo hice. Por la sensación que todavía
tenía de haber encontrado ayuda y refugio con personas que sonaban tan amables.
‘La
mujer me guió a la puerta abierta. Vi entonces de donde había salido la luz.
La luna estaba ahora llena y su fría luz se entremezclaba en las cortinas de
las ventanas en frente mío. Entre la ventana y yo había una mesa larga con
algo que aparentaba ser una lámpara de aceite. Y detrás de la mesa estaba la
figura de un hombre, parado.
‘La
mujer se alejó de mí para pararse a su lado.
‘Por
un momento hubo silencio y quietud. Yo esperaba que algo más sucediera, que
hubiera algo más para decir.
‘Entonces
el hombre se inclinó hacia delante. Hubo un ruido a raspado, la repentina llama
de un fósforo. Encendió la lámpara. Una cálida luz amarilla despejó las
sombras de la habitación. Parpadeé hasta acostumbrarme a la semi oscuridad.
Miré alrededor del cuarto desnudo, los haces de luz del techo, la gran mesa de
roble; las pesadas sillas talladas empujadas contra las paredes. Y miré a mis
nuevos acompañantes, ahora que tenía luz como para poder ver con quien estaba.
‘Y
entonces mi cara se congeló del horror, y mi voz se transformó en un grito sin
palabras.
‘De
las caras del hombre y la mujer, eran la misma. Sin boca. Sin nariz. Sin ojos.
Eran lisas, desnudas, sin rasgos – como huevos.
Aquí
el relatador hizo una pausa y sudó de miedo, como si el recuerdo fuera
demasiado para él. El conductor no dijo nada – el Daimler continuaba por la
ruta. El relatador tomó una gran bocanada de aire y continuó.
‘Sin
pensarlo dos veces, me di vuelta y corrí, salí volando por la puerta, casi me
caí por las escaleras y en mi desesperación caí contra la puerta para abrirla
hacia adentro, como recordaba, resbale en la entrada de granito, pero enseguida
estaba fuera, en la ruta otra vez. Trate de escuchar pasos detrás mío: no había.
Di una última mirada a la casa cuando pasé el portón abierto: en la ventana
iluminada de uno de esos cuartos de arriba pude ver dos siluetas parecidas a
figuras humanas, observando mi partida.
‘Mientras
corría, el mismo camino que antes había hecho, desesperado por ayuda, por
consuelo, para asegurarme que había sido simplemente víctima de un error, prácticamente
de un chiste, o una alucinación, tal vez una pesadilla. Y luego, como una
respuesta a mis plegarias, usted paró por mí, y estoy de vuelta en el mundo de
la normalidad.
Dio
un suspiro de alivio y satisfacción y se sentó confiadamente y cómodamente en
el suave asiento de cuero del Daimler, que iba hacía adelante a una gran
velocidad.
Las
manos del conductor se quedaron de manera calma en el volante. Por primera vez
desde que el pasajero había comenzado su historia, habló.
“Dijiste
que sus caras no tenían rasgos? Que eran, de hecho, prácticamente lisas?”
“si”
contestó el pasajero
El
conductor giró hacia su acompañante y con su mano izquierda movió su bufanda.
“¿Te
referías... – dijo – a esto?”
Sin boca. Sin nariz. Sin ojos. Una cara tan blanca, lisa y sin rasgos como un huevo.
Por
Gisele.
Estoy sola, observando todo lo que me rodea. No logro
concentrarme en lo
que veo, mi mente es un río de pensamientos que fluyan del aire. Lo pienso,
pero no lo digo. Son mis pensamientos, no de ellos. Pero estoy triste.
Pienso en él, su voz, su dulzura, su sonrisa. Ahora que él no está, no sé
por qué no le dije que lo quería, por qué rechacé su flor. ¡No aguanto más!,
quiero gritar que lo amo. ¿Para qué?, si él no puede oírme, no puede verme.
Se fue a un lugar inalcanzable, donde, quizás, alguna vez se acuerde mi,
pero si saber que yo lo amaba.
De pronto, una lágrima que no pudo contenerse más, cayó
sobre mí.
Lentamente,
fue recorriéndome el rostro, hasta que la tomé en mis manos y le
pregunté:
-¿Por qué se fue así, sin despedirse de mi?, ¿por qué me abandonó?, ¡¿por
qué murió?! ¡¿por qué?! ¡si yo lo amaba!. Sí, yo, su mejor amiga. Pero
ahora
ya no podré decirle que, a pesar de todo, lo amaba.
La pequeña lágrima se escapa de mis manos. Lentamente me
levanto, llena
de culpa y melancolía. Camino cabizbaja, sin poder alejar el dolor de mí. No
sé a donde voy, pero sé que jamás regresará.
El
viaje soñado:
Por
Dalina.
Un llamado Gabriel ganó un viaje a Cuba.
Retiro su pasaje y se fue, el viaje era por una semana. A mitad del
vuelo, el avión comienza a moverse porque habían pozos de aire y lluvias.
El avión cae en la selva amazónica. Nadie sobrevive, solo él.
Empieza a recorrer el lugar con mucha precaución, de repente es
secuestrado por 5 caníbales, lo atan e intentan cocinarlo.
Un minuto después aparece una hermosa hada que lo salva, Gabriel
se
enamora de ella.
Busco fecha para su casamiento, la encontró. Luego va a buscarla,
para
comentarle el hada se convierte en una criatura horrible y comienza a
seguirlo, Gabriel se asustó tanto, tanto que llegó corriendo a Cuba.
Gracias al hada la familia de él no se va a enterar de nada pero eso si
nunca más va a llenar cupones para un sorteo.
Por
Nuria.
Cuando
me levanté en esa mañana sentí sobre todo mi cuerpo una brisa cálida, que me
llenaba de felicidad. Era el primer día de vacaciones, y en unas pocas horas íbamos
a salir para pasar todo el verano en Ohio. Hasta hace no mucho tiempo, una vieja
tía de mi mamá estuvo viviendo allí, y tras morir de un paro cardio-respiratorio
hace menos de un año, su vieja mansión se convirtió en nuestra propiedad.
Olvidaba
presentarme. Mi nombre es July, y tengo 14 años.
Durante
todo el viaje estuve mirando por la ventanilla del auto, cuando de repente vi
una casona vieja, sucia y completamente alejada de la ciudad. Hice una exclamación
de desagrado, que continuó con - ¡qué
horrible casa!.
Mis
padres se miraron, y luego me miraron a mí. Me pregunté que pasaba, cuando mi
padre estacionó frente a la horrible casona, y mi madre dijo: - esta es la
antigua mansión de la tía Mary.
Simplemente
no podía creerlo. Esa vieja mansión desarreglada iba a ser mi hogar durante
todas mis vacaciones.
Nos
instalamos. Yo elegí una habitación grande al final del pasillo, que tenía un
gran ventanal por el cual se veía todo el parque de la casa.
Mi
mamá debía limpiar la casa, así que nos dijo, A mis hermanos Patrick(9) y
Helen(6) y a mí que vayamos a “hacer amigos”. Qué irónica. - ¡hacer
amigos en un lugar como este! ¡Aquí el único amigo que se podría tener es un
fantasma!- dije, y salí a caminar por los alrededores.
Esa
noche, cuando me disponía a dormir, sentí unos suaves golpecitos en el
ventanal de mi habitación. Me levanté, abrí la ventana, y mis ojos no creían
lo que veían. Era un muchacho rubio, de unos 15 años y unos preciosos ojos
verdes que podían distinguirse aún en la oscuridad, Me hizo señas para que lo
siguiera, y, no sé por qué, yo descendí suavemente por el ventanal y me fui
con él. Me llevó hasta una cueva,
dentro de un bosque que yo no recordaba haber visto en mi paseo. Allí había
una fogata encendida y dos banquitos, en los cuales nos sentamos. En ese
momento, por fin, me dijo algo(me olvidé de decir que no me había hablado
antes, en todo el camino): - Hola July. Mi nombre es Kev.- Su dulce voz parecía
hacerme sentir como si estuviera flotando, y con un hilo de voz, le dije: -¿cómo
sabés mi nombre, y el lugar en dónde vivo? – Tranquila y pausadamente, él
comenzó a contarme. – Yo fui quien acompañó a tu anciana tía Mary en sus
últimos días – dijo –ella me habló muchísimo de vos, y me dijo que iba a
dejarle a tu familia su casa cuando muriera. Cuando hoy en la tarde té vi
paseando, te seguí, y así comprobé que eras la maravillosa sobrina – nieta
de Mary, Julia Margareth Thompson.
Ese
era mi nombre completo, y al seguir hablando, me di cuenta que él sabía muchísimas
cosas sobre mí.
Luego
de una conversación que duró prácticamente toda la noche, él me acompañó
hasta mi casa, y cuando llegamos al ventanal de mi habitación se despidió de mí
con un dulce beso. En ese momento decidí escribir un diario, para contar todo
lo que sucedía en las vacaciones.
Recuerdo
que un día escribí: - Hoy pasé casi todo el día con Kev. Él es muy bueno
conmigo, y nos divertimos muchísimo. Kev me lleva a conocer toda la ciudad, y
siempre, no sé por qué, aún los viajes más largos se hacen cortísimos, y
nunca acabo cansada. Debe ser porque estoy enamorada de él.
Ese
día, cuando fui a guardar mi diario en el placard, descubrí en uno de sus
cajones algo que nunca antes había visto. Era un libro negro con unas finas
cintas de raso rojo en su contorno, y que en letras doradas decía: “Diario de
Mary Anne Parker”. ¡Ese libro era el diario íntimo de mi difunta tía!
Apenas
lo abrí me di cuenta que estaban escritas sólo las dos primeras páginas, y,
ya que no tenía nada para hacer, comencé a leerlo.
Al
principio, lo único interesante que tenía es lo que puede tener el diario íntimo
de una vieja amargada, NADA, pero cuando continué leyendo me di cuenta de que
había una descripción muy parecida a la de Kev.
“Cuando
salí a caminar por la mañana- decía – vi sentado en una piedra a un
muchachito de unos 14 años, exactamente como le gustan los muchachos a mi
sobrina – nieta July, (rubio y de ojos verdes) y me acerqué a preguntarle quién
era, y que hacía por aquí. Me dijo que se llamaba Kevin, y que se había
mudado a esta ciudad hace dos días. Nos hicimos grandes amigos. ¡Qué increíble!
Yo, una mujer ya avanzada en años, y él, un precioso jovencito con toda una
vida por delante, ¡amigos!. Pero así es todo con Kevin. Es un muchacho increíble.
¡Cómo me gustaría que July lo conociera!.
Hoy
fuimos a pasear. Los paseos con Kevin tienen algo en especial, es que cuando
paseamos no me fatigo, Y siento como si estuviéramos flotando sobre la ciudad.
En
este momento Kevin está entrando por el ventanal de mi habitación. Pero, ¿sobre
qué estará parado?. No hay ninguna escalera en esta casa y...
Luego
de lo escrito en el diario había un rayón en el medio de la hoja, y más abajo
algo escrito con otra letra, mucho más infantil y desprolija, que decía:
“La
vieja Mary acaba de morirse. Creo que se debe haber asustado al verme como soy
en realidad, sin dientes ni cabello, con los ojos en blanco y pálido como la
luz de la luna. Pobre vieja. Creía que no tiene nada de malo hacerse amiga de
un fantasma, y en el día de hoy juro hacerle lo mismo a todos los solitarios
que necesiten urgentemente un amigo”.
LISTA
DE VÍCTIMAS
Mary
Anne Parker
Thomas
Lee Ruth
Brian
Harman
Linda
Richardson
JULIA MARGARETH THOMPSON
Amor:
Por Dalina
Había una vez un programa de televisión llamado: “Yo quiero un amigo
y
usted”, este programa era conducido por una persona muy petiza, se llamaba
Norberto Alán. El programa había sido copiado.
Un día fueron al programa unos tales Amadea, Virginia, Romina, Carlos,
Gustavo e Ignacio, todos los hombres quisieron votar a Amadea y las mujeres
a Carlos. Esto fue lo que paso:
Cuando empezó el programa y entro Amadea, Norberto se desmayó
porque
ella medía 2,64m, exactamente lo mismo pasó cuando entró Carlos que medía
2,70 m.
Amadea vivía en Rosario, Virginia en Puerto Madryn y Romina en Córdoba,
Carlos en Uruguay, Gustavo en Buenos Aires e Ignacio en Bariloche.
Al final del programa Carlos y Amadea se eligieron como amigos,
aunque a
Carlos le costó mucho por su timidez.
Ellos hicieron muchas travesuras juntos de esas que hacen los
chicos,
como tocar el timbre y salir corriendo o subir la música a todo volumen
para que los vecinos se aturdan. Bueno, de tantas travesuras y tanta
diversión Amadea decidió casarse, porque ella era muy romántica.
El casamiento lo tuvieron que hacer en un lugar al aire libre, porque las
familias eran muy altas, Carlos era muy torpe y distraído así que llego
un poquito más tarde (30 minutos más tarde.
Cuando bailaron el vals Carlos le pisaba los pies a Amadea (por su
torpeza), pero como a ella le gustaba mucho bailar le enseño y fue el
bailarín de la noche.
Para la luna de miel decidieron ir a Miami, pero el avión pasó un
semáforo en rojo y chocó contra un árbol (¡todo esto fue en el cielo!)
entonces los dos gigantes se murieron.